¡¡¡Ya estoy de vuelta!!!
¡¡¡Parece que ha pasado una eternidad, de lo bien que me lo he pasado este fin de semana!!! Y es que no he parado ni un momento, bueno algún que otro momento sí. Ayer tarde me invitaron a una cenita en familia (primas y novios, en plan parejitas) para celebrar mi cumple y el de una de ellas, que también cumple la semana que viene. Así que ayer partimos rumbo a casa de ella a celebrar.
Yo me hice con un carrito de la compra para llevar las bebidas y la comida hasta la casa. Las demás invitaban a la tarta y los “alcoholes” y los novios traían…¿ qué traían? Ah sí, a ellas jeje (suele pasar). El carrito hizo un apaño…Ha sido el mejor amigo.
Una vez que estaba la mesa puesta, decidieron invitar al telepizza, porque todo nos parecía poco. Así que hicimos comida en dos tiempos.
En el primer tiempo pudimos degustar ensaladilla, gambones, empanada, queso, canapés…Y en el segundo tiempo fuimos a recoger las pizzas, a pesar de que no había más ganas de comer. Pues al final, entre chistes y más chistes, cayeron las pizzas (¡ qué ilusas!) ¿ cómo pude ser capaz de coger un trozo?!! Es que no me di ni cuenta, mi brazo actuaba solo, en serio, no podía pararlo.
Una vez terminamos de comer, (por fín) tocaba el postre. Y fue cuando invitaron a tarta. Una tarta a la que no pude resistirme y no dejaba de seducirme con su merengue y su color yema desde la mesa. Serían las 3 de la mañana (que ya eran las 4) cuando acabamos de menear el bigote y cuando yo empecé a pensar en mi régimen, en el pantalón de la boda y en todo lo que no debía haber hecho sin pensar…
Después de todo esto, decidimos que íbamos a quedarnos allí a dormir todos. Sí, así, sin anestesia ni ná. Nos autoinvitamos. Pero antes de apalancarnos como croquetas en el sofá, teníamos que ir a por mantas. Así que cogimos el carrito y nos encajamos en mi casa a recoger mantas (la cara de mi madre era todo un poema, por no decir la de mi padre, que ni se inmutó cuando casi levantamos el canapé con él encima).
Íbamos por el camino con el carrito que pareciamos del circo. Con el puntito del Sandeivdid y el carro hasta los topes de mantas (lástima que ahí se me olvidó la cámara) y para colmo en la peña flamenca estaban cantando saetas. Parecía que llevabamos a nuestra señora de las sábanas de pelito acompañada de su honorable cofradía del santo Deivid.
Hemos aprendido a hacer una cama en cero coma dos segundos y sobre todo, hemos aprendido que no hacen falta las manos de un hombra para transportar los colchones. Mientras nosotras movíamos colchones, ellos fumaban en el salón y hablaban de motos. ¡Qué cuadro! Pero es que ni se enteraron de nada y cuando vieron las camas colocadas empezaron a preguntarse: ¿ esto còmo ha pasao? ¿ lo traiais preparao de antes no?
Aquí dejo testimonio de una de las camas y por supuesto de la habitación donde me tocó dormir. Os pongo el detalle de la puerta, que es de museo mínimo.
En fín que invadimos la casa, la “alquilamos” pa´echar la noche y el día de hoy con derecho a consumición y nos hicimos con la cocina, con el salón, con el ron, con las tartas, con las camas, con las gambas… Ahora que lo pienso, nos hicimos con todo. ¡ Qué poca vergüenza! Lo mejor de esta mañana ha sido el desayuno para todos. Invitación a tarta y café bombón.
Todavía ahí allí uno que está sobando la cama. A este paso va a hacerse parte de la cama y va a fundirse con ella, como el anuncio.


